Pero, pasada la rabieta, redescubro los encantos del otoño. El viernes llovió mucho y dejó mi jardín refrescado y agradecido. Salí tras la tormenta y observé cómo las gotas permanecían posadas en las plantas, ¡parecía que no querían irse!.
Pisé un caqui caido en el suelo y su olor dulzón me recordó a los frutos propios del otoño (boniatos, castañas...).
Esta mañana he paseado en bicicleta con unos amables 16 grados de temperatura, y observaba cómo el suelo empieza a cubrirse de hojas y los primeros ocres aparecían en los árboles.
¡Así que esta semana voy a cambiar la ropa del armario y a dar la bienvenida al otoño!



