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Plan de domingo


Autopista para ciegos

Hace muchos años me encontraba conduciendo por Cerdanyola y a mi lado pasaron dos personas pedaleando sobre un tándem, con sendas gafas de sol y uniformes de la ONCE. No se me ocurrió otra cosa que preguntarles a mis compañeros de viaje si creían que los dos eran ciegos.

Muchos años después, de nuevo en mi coche, estaba pagando un peaje como buena catalana. Cuál fue mi sorpresa al ver que bajo el botón de Ayuda, se encontraba una plaquita con el alfabeto Braille. Proseguí mi conducción con la duda en mi cabeza.... ¿Para qué habrán mensajes en Braille en una autopista?. ¿Acaso los ciegos pueden conducir? Si ridículo fue mi comentario sobre los ciclistas ciegos, más ridícula resultaba la idea de un ciego conductor.

Al comentar el hallazgo con Le Poinçonneur él sostuvo que el mensaje está dirigido a un copiloto ciego en un automóvil inglés, cuyo volante está a la derecha y deja al copiloto ciego a merced de los peajes. Yo creo que esto es más rocambolesco que mi comentario sobre el tándem.

Pero creo que ya ha encontrado la respuesta. Parece ser que algunos ciegos pueden conducir a 154 Km/hr por la autopista, y si no, vean esta noticia.

Feliz 2012

Pese al firme propósito de evitar la reiteración cíclica en mis escritos, me veo de nuevo en la situación de repetirme cual disco rayado. La felicitación para 2011 podría servir perfectamente para este año. Los malos augurios y el año desastroso dejado atrás. ¿cuántos van ya? Mejor ni los cuento.

Creo que la mejor receta para 2012 va a ser ver menos los noticiarios y emplear más nuestro tiempo al nivel individual. Disfrutemos de nuestros amigos, familia y vanidades particulares mientras en el exterior la tempestad sigue.

Díganle a Merkozy que me avisen cuando todo esto haya pasado.

"Me voy, sin que nadie me lo haya pedido"



No hace mucho auto-criticaba lo cíclico de este blog. Cada época de año me provocan similares sensaciones y los temas ya eran repetidos y aburridos. A pesar de mi convicción de no repetirme, el mito del eterno retorno se vuelve a cumplir: Dejo el trabajo, aburrida de tanto esfuerzo y explotación. Hace un par de semanas dimití y me sentí cual Adolfo Suárez abandonando el barco.

¡Qué satisfacción! El 14 de Diciembre empieza mi nueva vida laboral.
Alineación al centro

El apagón emocional

Dicen que hay gente que se muere de pena. Esta afirmación, a priori pseudoesotérica, está siendo cada vez más estudiada desde el punto de vista científico. Encontramos en esta línea al Dr. Francisco Mora, catedrático de Fisiología de la Universidad Complutense de Madrid que ha acuñado el término apagón emocional para referirse (entre otros) a esos ancianos cuya volición queda totalmente anulada y se dejan morir. Este concepto está próximo al de estupor depresivo; forma extrema de expresión de la depresión que puede darse especialmente en personas ancianas. Empiezan negándose a andar, continúan negándose a hablar y terminan negándose a comer y por ende a existir.

Como explica Punset en su libro “El viaje a la Felicidad” (Destino, Barcelona 2005) la felicidad tiene una fórmula en la que las Emociones juegan un papel primordial. Si la emoción es cero, la ecuación entera se transforma en cero y ya nada tiene sentido.

Felicidad = E (M+B+P) / R+C

Es difícil distinguir esto de un suicidio. Pasivamente uno se va apartando del mundo hasta desaparecer. Pero, si la vida ya no tiene sentido, ¿para qué continuar?

(…) la que llamamos «apagón emocional». Hay gente que se muere y cuando se le hace la autopsia se averigua que el fallecimiento no se ha justificado en ningún fracaso orgánico. Y cuando se ha analizado su historia clínica se ha visto que son estas personas que renuncian a actividades porque «yo eso ya lo he visto», «eso ya lo he hecho»...

-¿Víctimas de la falta de incentivos?

-¡De la falta de emoción por la vida! Algo así como un «hasta aquí he llegado». Y el organismo se va apagando.

-¿Eso les ocurre sólo a los cenizos? ¿O quizá a raíz de traumas como enviudar?

-No. No hay motivo concreto. El origen está en la suma de esos factores que determinan que un individuo sano acabe no teniendo ilusión por viajar, por cualquier tipo de relación personal o por un algo más allá de decir «dejadme tranquilo». Por eso yo explico que la emoción es una hoguera interior que hay que alimentar. Y el consejo es: si una amiga o un amigo te dice «vámonos a París tres días», aunque se te haga cuesta arriba, acéptalo.(…)

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Mi città slow particular


ESTO ES LO QUE SIENTO CADA VEZ QUE VOY A VÉLEZ BLANCO: El movimiento Slow es una corriente cultural que promueve calmar las actividades humanas. El movimiento Slow propone tomar el control del tiempo, más que someterse a su tiranía, esto se consigue dando prioridad a las actividades que redundan en el desarrollo de las personas, encontrando un equilibrio entre la utilización de la tecnología orientada al ahorro del tiempo y tomándose el tiempo necesario para disfrutar de actividades como dar un paseo o compartir una comida con otras personas. Los ponentes de este movimiento creen que, aunque la tecnología puede acelerar el trabajo, así como la producción y distribución de comida y otras actividades humanas, las cosas más importantes de la vida no deberían acelerarse. (www.es.wikipedia.org)

Vuelvo a mi olvidado blog con el propósito de defender ése tiempo mío fuera de mi dichoso trabajo. Y me doy cuenta de que el blog ha cumplido un año y las efemérides de las 2.000 y 3.000 visitas han ocurrido ya.
Y entonces me doy cuenta de que me apetece escribir sobre cosas que ya traté el año pasado y de que, habiendo pasado 12 meses me vuelvo a fijar en los mimos acontecimientos. La primera rosa que florece en mi jardín, la primera tarde en la que veo las golondrinas, el cambio de ropa por la nueva temporada. El nuevo año, los propósitos... ¡Suena aburridísimo! Quizá Nietzsche tenía razón y todo está condenado a repetirse en aburridos retornos. Igual que nosotros repetimos nuestras costumbres, la Humanidad repite sus ciclos. Guerras, crisis económicas, alianzas de derechas, alianzas de izquierdas...
Así que, de ahora en adelante, ¡me lo voy a currar mucho para no repetirme en este blog!

Aeropuertos


Mi Job Description lo dice: 20% de tiempo viajando. Me encanta, ojalá fuera más. Adoro el ambiente de los aeropuertos, la gente, las voces de megafonía, el café malo... El ruido de las ruedas del trolley, los grupos de pilotos y azafatas volviendo a casa; los carricoches que llevan a viajeros de mobilidad reducida. La sonrisa comprada de los empleados de las aerolíneas, el boarding pass que se te cae del pasaporte, los guardias de seguridad que te piden que dejes las llaves del coche en la bandeja. La búsqueda desesperada de un enchufe porque te has olvidado de cargar el móvil, la revisión de última hora de la reunión de trabajo (¡vigilando que la competencia no esté cerca!), la visión de otros ejecutivos más estresados que tú.

Sólo hay una cosa que odio: Las despedidas.

De repente, a pocos metros de la zona de embarque, una pareja despidiéndose. Susurros y lágrimas, abrazos y manos que no se quieren soltar. Me pregunto, ¿por cuánto tiempo van a estar separados?

Señores, un consejo: ¡Nunca se separen de la persona a la que quieren!

Delicado equilibrio

Bien, más de un mes sin escribir aquí, tendré que hacerme un recordatorio del por qué de este blog. Y para ayudar a mis reflexiones, qué mejor que esta banda sonora. A ver si me aplico el cuento, de tanto en cuando.




Sittin' in the mornin' sun
I'll be sittin' when the evenin' come
Watching the ships roll in
And then I watch 'em roll away again, yeah

I'm sittin' on the dock of the bay
Watching the tide roll away
Ooo, I'm just sittin' on the dock of the bay
Wastin' time

I left my home in Georgia
Headed for the 'Frisco bay
'Cause I've had nothing to live for
And look like nothin's gonna come my way

So I'm just gonna sit on the dock of the bay
Watching the tide roll away
Ooo, I'm sittin' on the dock of the bay
Wastin' time

Look like nothing's gonna change
Everything still remains the same
I can't do what ten people tell me to do
So I guess I'll remain the same, yes

Sittin' here resting my bones
And this loneliness won't leave me alone
It's two thousand miles I roamed
Just to make this dock my home

Now, I'm just gonna sit at the dock of the bay
Watching the tide roll away
Oooo-wee, sittin' on the dock of the bay
Wastin' time

(whistle)

¡Feliz 2011!


Aún recuerdo cómo a finales del 2008, con la crisis ya enseñando las fauces, nadie se atrevía a mencionar el 2009. La felicitación de moda era ¡Feliz 2010!. Y ahora que ya se ha terminado el 2010 vemos que aquellas fauces son más profundas y oscuras de lo que pensábamos. Donde antes habían brotes verdes, ahora hay cinco años de más recortes.

El 2011 es toda una incógnita. Lleno de malos augurios, quizá nos acabará sorprendiendo positivamente gracias a unas expectativas más realistas.

En cualquier caso, ¡FELIZ 2011!

Mr. Potato

Esta semana, mientras compraba un kilo de patatas para hacer una tortilla, encontré la pieza que me faltaba en mi juego "Mr. Potato". Claro, me refiero a la versión para adultos.

Reventón

Esta semana me he sentido de lo más inútil. Sólo me ha faltado ser rubia y estar buena. Bueno, rubia ya lo soy y, lo otro, que lo diga LePoin.

Iba yo con mi SUV volviendo del trabajo, monísima con mi vestido de ejecutiva, maquillada y con las mechas recién puestas. De repente un objeto aparece en mi carril y lo arrollo con las casi 2 toneladas de mi automóvil. Resultado: reventón en la rueda trasera izquierda. No quieran verse en esta situación cuando la velocidad de crucero es de 140 - 150 Km/hr.

Después de casi dar un triple salto mortal, controlo mi coche y me aparto. Con las rodillas temblando, calibro los daños. El coche andaría si no fuera por el agujero de la rueda por el que casi cabe mi mano. Casi me muero al acordarme de que mi móvil se ha quedado sin batería.

Entonces, aparece mi salvador. Un amable señor rodeando la cuarentena se ofrece a cambiarme la rueda . Yo, agradecida, sólo puedo observar y sonreir mientras el pobre hombre se mancha el traje, la camisa, la corbata.... no es fácil cambiar una rueda de 17'. Al final, con una sonrisa me dice ¿ves?, ahora todo quedará en una anécdota.

Nunca supe su nombre ni su procedencia. Ningún medio para darle las gracias. Así que lo hago desde aquí desde mi humilde blog. ¡Aún queda buena gente en el mundo!

Cambio de ropa

Ya viene siendo una tradición. Cada año, cuando la Mercè se aproxima (24 Septiembre) guardo la ropa de verano y saco la de invierno.

Es gracioso redescubrir la ropa otoñal. Me siento casi como si la estuviera comprando de nuevo. Cada prenda tiene asociado un sentimiento. El suéter que llevé cuando empecé ese trabajo el pasado Enero. El traje que llevé la primera vez que hablé en público un Noviembre (este traje ya es muy viejo). Los pijamas que me compré a tan buen precio la temporada semana. Las faldas que cada temporada saco y guardo de la misma forma, esperando al día que pierda peso y pueda entrar en ellas de nuevo (sic).

El final del verano

Hace unos días tuve que soportar que la dichosa "vuelta al cole" me recordara que el final del verano se aproximaba. Estos días es más que evidente que el verano de 2010 está ya extinto.

Pero, pasada la rabieta, redescubro los encantos del otoño. El viernes llovió mucho y dejó mi jardín refrescado y agradecido. Salí tras la tormenta y observé cómo las gotas permanecían posadas en las plantas, ¡parecía que no querían irse!.

Pisé un caqui caido en el suelo y su olor dulzón me recordó a los frutos propios del otoño (boniatos, castañas...).

Esta mañana he paseado en bicicleta con unos amables 16 grados de temperatura, y observaba cómo el suelo empieza a cubrirse de hojas y los primeros ocres aparecían en los árboles.

¡Así que esta semana voy a cambiar la ropa del armario y a dar la bienvenida al otoño!

Mis codos

Un grano es ridículo. Varía su ridiculez en función de su tamaño y localización, pero siempre lo es. A mi me ha salido uno en el codo izquierdo. Justo ahí, en el vértice de la articulación, se erige el volcán.
Nunca había caído en la cuenta de la importancia de mis codos. Con este grano en pleno apogeo, no puedo utilizar el reposabrazos del tren. No puedo poner los codos en la mesa mientras como (aunque sé que es de mala educación). Cuando pienso, no puedo reposar mi cabeza en mi mano, que a su vez se apoya en el codo sobre la mesa. ¡Hasta tengo dificultades para marcarme un corte de mangas!.
Así pues, dedico este post a los codos, esa olvidada parte de nuestra anatomía que colabora silenciosamente en nuestros gestos cotidianos.

Mil

Con la holgazanería propia del verano, he desatendido bastante mis actividades blogeras. Hoy, azarosamente, me he conectado y he descubierto que ya he sobrepasado las 1.000 visitas.

Este blog nació con un objetivo plenamente terapéutico, y podría decir que lo ha conseguido. Desde ése mes de Febrero de 2010 donde intenté reconstruir mi asfixiada vida personal, han cambiado muchas cosas. Dedico muchas horas al cabo de la semana en actividades que antes no existían en mi vida. El proceso de búsqueda y cambio tiene aún un largo recorrido, pero ahora el rumbo es claro y la velocidad estable. I'll get there.


Para escoger la imagen de este post he pensado en lo que me sugiere la palabra "mil". Y lo primero que ha venido a mi cabeza es un billete de 1.000 pesetas, tan verde, tan antiguo ya. Este billete representa mis 35 años: mis primeros sueldos fueron aún en pesetas, mis primeras juergas aún se podían costear con 1.000 pesetas. Mil pelas, les llamábamos.

Falacias

He visto el video de abajo en un blog amigo (altamente recomendable) y no puedo evitar el compartirlo aquí. ¡Vivimos en un mundo de falacias!

Damià Roig, 103 anys

Ciertas vicisitudes personales me han mantenido alejada de este Hotel durante algún tiempo, pero hoy vuelvo porque quiero rendir mi modesto homenaje a un personaje que conocí ayer.

Se llama Damià Roig y tiene 103 años.

De hecho, no pude hablar con él porque las masas lo apabullaban con felicitaciones y gritos de enhorabuena.
Porque, el lugar donde lo conocí no fue ningún geriátrico, sino la 32ª Cursa del Corte Inglés (11 kilómetros por las calles de Barcelona, vuelta al Estadi Olímpic incluida).

Este señor encarna lo que quiero decir cuando proclamo que quiero llegar a los 100 años. La edad no es más que un dato demográfico. Son las ganas de hacer cosas las que nos mantienen arriba. Que se lo digan a Damià. Me enamoré de su sonrisa, sabedor de la admiración que despertaba, y seguramente muy orgulloso de ello. Yo también lo estaría.

Y por eso insisto en que quiero llegar a los 100 años al lado de LePoin, como los personajes de la foto.

Damià, ¡te espero en la cursa de 2011!.

Soy culé


Hoy, por motivos que no vienen al caso, he tenido que pasar un par de horas en los alrededores del Camp Nou. Me he atrevido incluso a entrar en sus instalaciones, con la esperanza ingenua de encontrarme algún futbolista famoso. Mi problema es que, exceptuando a Guardiola y Messi, sería incapaz de reconocer a ninguno de ellos. Mas, mi visita no ha sido en vano ya que me he teletransportado a mis años de juventud, donde conocía hasta los jugadores de voleibol blaugranas. Koeman, Amor, Eusebio, Milla, Romário. Solozábal, Epi, Aíto. Vujović. A todos ellos los conocí en persona, robándoles fotos, autógrafos, stages deportivos y hasta dos besos en una discoteca. Eran los tiempos en los que los deportistas de élite eran más humanos y podías esperarles a la salida de los entrenamientos sin que un ejército de guardaespaldas te separara de ellos.

Los tiempos ahora son diferentes y esta tarde he visto muchos cambios en Can Barça. Un Barça Megastore donde puedes comprar merchandising a ritmo de música disco; una cadena comercial de bocadillos, un montón de puertas infranqueables salvaguardando los millonarios jugadores de la mirada de los aficionados.

Pero me he ido con la sensación de que la esencia no ha cambiado y hasta se me ha vuelto a poner la piel de gallina al ver el entorno blaugrana. Los marcadores, los asientos, las taquillas, los chiringuitos con bufandas ondeando al viento...

Sí, creo que puedo afirmar que sigo siendo culé.

Hipocondría


Nunca me ha importado ir haciéndome mayor. De hecho, no hace mucho decidí que quiero llegar a los 100 años. Me gusta vivir la vida, así que quiero estar por aquí bastante tiempo.

Quizá es por estos principios que, a medida que pasa el tiempo, me vuelvo también más hipocondríaca. Tengo la suerte de gozar de buena salud, pero cuando un simple resfriado asoma, lo llevo bastante mal.

Hace un par de días una inocente verrguita en mi escote empezó a crecer... hasta llegar a la explosión y sangrado. Aterrorizada, pensé en cáncer, melanoma, sufrimiento, muerte... Corrí al médico, quien se sonreía mientras me explicaba que eso no era nada. Me hizo ir a otro dispensario en cuya puerta leí "pequeña cirugía". Me temblaban las rodillas mientras me pinchaba la anestesia, y ya creí morirme cuando empezó a quemarme la verruga. Olía a queratina quemada (sí, es lo mismo que el pollo quemado) y observaba la columna de humo con una sensación de irrealidad.... Era imposible que todo eso estuviera saliendo de mi cuerpo....

En fin, el episodio finalizó y yo sobreviví.

Reflexiono y pienso que la base de la hipocondría es la sensación de que no tienes control sobre tu cuerpo. Sangras sin que tú te hayas golpeado (la verruga); no sientes nada por más que tú te toques (la anestesia). Es terrible ver que le suceden cosas a tu hardware sin que tú lo hayas ordenado.

Tendré que ir al psicólogo.