El final del verano

Hace unos días tuve que soportar que la dichosa "vuelta al cole" me recordara que el final del verano se aproximaba. Estos días es más que evidente que el verano de 2010 está ya extinto.

Pero, pasada la rabieta, redescubro los encantos del otoño. El viernes llovió mucho y dejó mi jardín refrescado y agradecido. Salí tras la tormenta y observé cómo las gotas permanecían posadas en las plantas, ¡parecía que no querían irse!.

Pisé un caqui caido en el suelo y su olor dulzón me recordó a los frutos propios del otoño (boniatos, castañas...).

Esta mañana he paseado en bicicleta con unos amables 16 grados de temperatura, y observaba cómo el suelo empieza a cubrirse de hojas y los primeros ocres aparecían en los árboles.

¡Así que esta semana voy a cambiar la ropa del armario y a dar la bienvenida al otoño!

Mis codos

Un grano es ridículo. Varía su ridiculez en función de su tamaño y localización, pero siempre lo es. A mi me ha salido uno en el codo izquierdo. Justo ahí, en el vértice de la articulación, se erige el volcán.
Nunca había caído en la cuenta de la importancia de mis codos. Con este grano en pleno apogeo, no puedo utilizar el reposabrazos del tren. No puedo poner los codos en la mesa mientras como (aunque sé que es de mala educación). Cuando pienso, no puedo reposar mi cabeza en mi mano, que a su vez se apoya en el codo sobre la mesa. ¡Hasta tengo dificultades para marcarme un corte de mangas!.
Así pues, dedico este post a los codos, esa olvidada parte de nuestra anatomía que colabora silenciosamente en nuestros gestos cotidianos.

Mil

Con la holgazanería propia del verano, he desatendido bastante mis actividades blogeras. Hoy, azarosamente, me he conectado y he descubierto que ya he sobrepasado las 1.000 visitas.

Este blog nació con un objetivo plenamente terapéutico, y podría decir que lo ha conseguido. Desde ése mes de Febrero de 2010 donde intenté reconstruir mi asfixiada vida personal, han cambiado muchas cosas. Dedico muchas horas al cabo de la semana en actividades que antes no existían en mi vida. El proceso de búsqueda y cambio tiene aún un largo recorrido, pero ahora el rumbo es claro y la velocidad estable. I'll get there.


Para escoger la imagen de este post he pensado en lo que me sugiere la palabra "mil". Y lo primero que ha venido a mi cabeza es un billete de 1.000 pesetas, tan verde, tan antiguo ya. Este billete representa mis 35 años: mis primeros sueldos fueron aún en pesetas, mis primeras juergas aún se podían costear con 1.000 pesetas. Mil pelas, les llamábamos.

Cañadas de Cañepla (Almería) Vs Desierto de Phoenix (Arizona)

Almería, Spain (August 2010) -----Phoenix, Arizona (May 2008)




Laura y Julio. Juan José Millás


Me gusta la alegoría de los espejos que aparece tantas veces en la historia. A todos nos ha pasado alguna vez el mirarnos al espejo y no reconocernos. De vez en cuando es saludable ponernos al otro lado y mirar nuestra vida, nuestra casa, nuestros seres queridos, con ojos alienos.
Y quizá descubriremos grandes cosas que no sabíamos ver cuando estábamos dentro del escenario. Y así, podemos aprender a valorar cosas que no teníamos en cuenta; o podemos aprender a desprendernos de cosas que creíamos imprescindibles.
O quizá, simplemente, nos volvemos a donde estábamos. Depende de cada cual.

La soledad del manager. Manuel Vázquez Montalbán.

Diría que esta ha sido mi primera incursión en la literatura policíaca. Lo más cerca que había estado de este género fueron aquellas tardes de domingo cuando seguía las pesquisas de Jessica Fletcher. También ha sido la primera vez que he leído a Vázquez Montalbán.

Así pues este libro representa mi introducción al mundo de Pepe Carvalho. Me ha gustado, el tipo: su gusto sibarita por la gastronomía y el buen vino, su libertad sexual y el paternalismo con el que trata a su entorno cercano. Su tozudería detectivesca, que le cuesta alguna que otra paliza.
La historia en particular me ha entretenido, sorprendiéndome lo bien que conoce el autor la geografía catalana. Después me enteré de que Vázquez Montalbán era poseedor de una masia en el Alt Empordà.

¡No será la última historia de Carvalho que lea!

El príncipe destronado. Miguel Delibes

Nunca me han gustado mucho los niños. Tengo dificultades para comprender su forma de pensar y es por ello que siempre suspendía Psicología Infantil.

Este libro, sin embargo, me ha dado una buena lección en esta materia. Cual Ulises de Joyce, el libro desgrana el transcurso de un día a través de los ojos de un niño de tres años. La narración me hace comprender perfectamente cómo un tubo de pasta de dientes se convierte en un cañón, y cómo las sombras de la oscuridad se transforman en monstruos.

Lo más interesante ha sido el conocer los problemas domésticos de la familia a la que pertenece el niño, a través de sus propios ojos. A menudo se menosprecia la visión infantil del mundo, pero os aseguro que los niños arrojan una dosis de objetividad y sentido común aplastante que hace que nos planteemos el orden establecido de las cosas.